El lenguaje inclusivo, ¿invisibiliza nuevamente a las mujeres?

En este último tiempo, ha salido a la luz el uso de un nuevo lenguaje o variación del lenguaje llamado inclusivo. Se reemplaza las “o” de los masculinos genéricos por la “e”, una vocal neutra que no se identifica con ningún género. Los invito a reflexionar un poco sobre las palabras, esas que tan a diario usamos, pero tan poco reflexionamos.

Empecemos desde el principio. El morfema de género acompaña a los sustantivos y adjetivos. En español existen dos géneros gramaticales: el femenino y el masculino. No existe un género neutro como sucede en otros idiomas. Querer crear en nuestro idioma un nuevo genero parece una buena idea, pero la elección de la letra “e” no parece ser la mejor.  En el español ya hay palabras que terminan en e, por ejemplo, presidente, agente, cantante, etc. Si bien, estas palabras pueden usarse tanto para mujeres como para varones, muchas veces se la asocia más a lo masculino que a lo femenino. Por ejemplo, si digo la palabra “Delincuente”, ¿en qué piensa? ¿En una persona del sexo masculino o femenino? Seguramente habremos pensado en un hombre, no en una mujer. Si digo “jefe”, también pienso en una figura masculina. Por esta misma razón hace unos años empezamos a escuchar que se decía “presidenta” en vez de presidente.

Analicemos un poco el idioma español. ¿Todas las palabras terminadas en “a” son femeninas? La respuesta es no. Si decimos “día” que termina en “a”, podría pensarse que es del género femenino, pero si le agregamos un artículo queda “El día” lo que demuestra que es masculino. Esto se debe a que los sustantivos de origen griego terminados en A son masculinos: el clima, el idioma, el problema, el síntoma, el drama, el tema, el poema, el planeta, el prisma, el programa, etc. También, es interesante ver que hay palabras de género femenino que terminan con “a” pero llevan un artículo masculino en singular: el hada (las hadas), el ala (las alas), el alma (las almas), el hacha (las hachas). Esto último se realiza para evitar un fenómeno que se llama cacofonía, es decir el efecto acustico un poco desagradable de repetir dos letras iguales juntas, como decir “La Ala”.

Por otro lado, ¿todas las palabras terminadas en “o” son masculinas? La respuesta en este caso es no. Un claro ejemplo es la palabra “mano”, que, si bien termina en o, no es masculina. No decimos “El mano”, sino “La mano”. Y hay más, por ejemplo: la foto, la radio, la moto. Estas últimas son el resultado de acortamiento o abreviación de palabras compuestas, por ejemplo, foto es la abreviación de fotografía.

Las vocales a, o y e no agotan el repertorio de desinencias en español. También hay palabras que terminan en “i” y “u”. Por ejemplo, tabú y espíritu son masculinas, pero tribu es femenina. En el caso de las terminadas en “i”, encontramos a el brócoli, el jabalí, el safari, el bisturí.

En el caso de las terminadas en “e”, encontramos: el té, el café, el chocolate, el coche, el padre, todas masculinas. Pero también están las del género femenino, como por ejemplo la calle, la leche, la gente, la peste, la madre, etc.

Todos estos ejemplos demuestran la imposibilidad de obtener una regla general que diga algo así como las terminadas en “o” son masculinas y las terminadas en “a” son femeninas. También se comprueba la imposibilidad de utilizar otra vocal como un género neutro.

El lenguaje inclusivo busca reflejar la inclusión de las distintas diversidades sexuales. Pero a mi entender el uso de la e, no refleja esto, sino que excluye e invisibiliza nuevamente a las mujeres. Ya que muchas veces identificamos las palabras terminadas con “e” con lo masculino. ¿Qué opinas?

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